Les comparto éste cuento que hice para una clase de español cuando iba en 2° grado. Espero sus comentarios.
Un primer amor a los 29 años.
Nunca fui muy
fanático de las damas bellas, no era ese tipo de muchacho seductor que todas
las mañanas se ponía en la esquinita de la cuadra, fumando un cigarrillo, para ver mujeres rubias y arregladas y se
disponía a lanzarles piropos y tratar de enamorarlas para terminar (la mayoría
de las veces) con una buena bofetada y algunos insultos. No era como mi amigo
Jorge. Mi nombre es Miguel Ángel. Miguel Ángel Buenaventura.
Todas las mañanas
veía que Jorge seguía la rutina, sólo me burlaba y le decía “Buenos días,
galán”. Me respondía con una sonrisa pícara y seguía al acecho.
Recuerdo que un día
martes; pasé por un café de la ciudad de México, me detuve por un momento a ver
los adornos navideños del negocio y continúe mi recorrido matinal. Antes de
pasar por la puerta del local vi que ésta se abría y salía una mujer hermosa: cabellos castaños, una
piel tan clara como la nieve, los ojos más verdes que jamás había visto, unos
labios tan voluptuosos como las cerezas y cuyo color rosa lo disimulaba un
labial rojo intenso, llevaba una gabardina café y zapatillas rojas con
calcetines. Nunca había visto a esa mujer tan bella y fina. La seguí disimuladamente
por un rato y vi que entraba a uno de los edificios más caros de la ciudad, en
los que sólo a los empresarios y magnates se podía ver entrar en ellos. Desde
ese día empecé a frecuentar la zona.
Un día, mientras iba
a comprar unas barras de chocolate para que mi vecina, del apartamento 12 de la
sección B hiciera la dulce bebida para
toda la unidad; la vi pasar de nuevo. No había pasado por su rumbo durante unos
escasos 3 días. Aunque, pensándolo bien… fue bastante. Decidí armarme de valor
y preguntarle su nombre, decirle lo que había pensado desde que la vi, decirle
lo bella que es, todo todo se lo dije. Fue tan amable, me dijo su nombre, su
tan hermoso nombre: Charlotte. Oh Charlotte. Le pregunte si deseaba salir en
algún momento, me dijo que sí; le facilité mi dirección y charlamos un rato
cerca de alguna estación del metro que desconocía, nos despedimos de beso y
ella se fue con una sonrisa de oreja a oreja. Me sentí tan grande, no sólo
porque había conseguido una cita con una mujer tan bella, sino también porque
era la primera. Olvide las barras del dulce y recibí un buen regaño de la doña
del 12.
El día que salimos
fue algo tarde, cerca de las 6 P.M. pero me agradó bastante la manera de
comportarse y su interés por comunicarse con alguien.
Me contó cosas,
cosas que no imaginé pero que tampoco le reproché: ella era viuda. Viuda a sus
¿cuánto le pondría? ¿27 años? Sí, le atiné. Sus padres la había casado con un
hombre bastante rico y mayor. Murió en un accidente de avioneta y heredó su
fortuna y pertenencias. Platicamos bastante hasta que dieron las 11 P.M., en
todo ese tiempo, no negaré que hubo ocasiones en las que no le hice mucho caso,
pues sus encantadores ojos y su sonrisa tan hábil me entretuvieron de vez en
cuando. Me sorprendí bastante cuando me preguntó si podía pasar la noche en mi
casa. La verdad, no es que me incomodara, pero no creí que mi pequeño
apartamento fuera algo suficiente para tan fina y bella mujer. Qué chulada, por
Dios. Le dije que podía y al entrar a mi cueva, le abrí la puerta (con una
caballerosidad que nunca había estado en mí) y le dije que se pusiera cómoda.
De pronto y sin avisar, me plantó un beso en los labios y decidimos pasar la
fría noche abrazados viendo un programa de T.V. en inglés que ninguno de los
dos entendía. Después de ver y reírnos por un buen tiempo, me empezó a besar y
yo acepté sus besos. Dormí en el sillón.
A la mañana
siguiente, me hizo el desayuno: huevos y café. Me dijo que no sabía cocinar,
pero al parecer fue mucha modestia, estuvo riquísimo. Platicamos por mucho
tiempo y le dije que podía volver cuando quisiera, nos despedimos con un beso y
se fue.
Nunca la volví a
ver, pero aunque fue un amor pasajero: sé que fue el primero y el último más
curioso que pude tener yo, el Miguel Ángel más soñador que haya existido.
FIN.
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